domingo, 16 de noviembre de 2014

POTELE


El primer contacto que tuvo el teniente Colombo con su amigo Potele fue en el restaurante del hotel Meliá Reforma de México DF. Hará de ello unos 10-12 años, más o menos. Los dos trabajaban por aquel entonces en la misma comisaría, pero, por circunstancias del servicio, sus destinos nunca se habían cruzado. Aquella noche cenaron juntos, se bebieron unas cuantas Coronitas, y –quién lo iba a imaginar- se gestó una amistad que ha llegado hasta la actualidad.
Años después de aquel encuentro en tierras aztecas, formaron pareja profesional y recibieron un encargo envenenado: resolver uno de los crímenes más enrevesados, y enmarañados, existentes en la comisaría. La cuestión consistía en enderezar el rumbo de la actividad de leasing&renting&factoring. Una misión –como el tiempo ha demostrado- poco menos que imposible. Y como aquellos caballeros andantes que llevan el signo de la derrota escrito en la frente, salieron de aquel entuerto con más pena que gloria, aunque con una amistad consolidada para siempre (lo único positivo de aquella experiencia para olvidar).
En el momento de escribir este post, el superintendente Potele prepara las maletas para cruzar el Canal de la Mancha y lanzarse a una nueva aventura profesional y personal. Una comisaría de Londres le espera para resolver casos de asesinato con acento inglés.
El teniente Colombo le va a echar de menos, y mucho. Potele (José Luis, en el carnet de identidad) es un tipo único. “Amigo de sus amigos, gran conversador y febril amante de la buena mesa; Potele es, por encima de todo, un apasionado de la vida y una buena persona”, apostilla, con tristeza, el teniente Colombo, que echará de menos los momentos molestosos de su amigo Potele, pero también sus muestras de cariño, su amistad y su compañía.

viernes, 24 de octubre de 2014

SAQUEADORES PROFESIONALES


“Ladrones roban millones, y son grandes señorones”, reza el refranero español. Algo parecido han debido pensar los 86 directivos y consejeros de Caja Madrid/Bankia que han dilapidado 15 millones de euros de la entidad, durante más de una década, a través de las llamadas tarjetas opacas.
“Opacas a la vergüenza, a la dignidad y a la decencia”, piensa el teniente Colombo. Estos saqueadores profesionales –rufianes de guante blanco- le producen, sencillamente, asco y repugnancia. El teniente Colombo desea con todas sus fuerzas que, todos ellos, se pudran en la cárcel, el tiempo que marque la Ley y dictaminen los jueces.
“Y, una vez que entren en la cárcel, tirar la llave al mar, para que estos desalmados –algunos de ellos reincidentes- no vuelvan a hacer de las suyas”, sugiere el teniente Colombo, con un nivel de indignación 9.6 en la escala de Richter.

sábado, 18 de octubre de 2014

WICKED


El musical Wicked se estrenó en Broadway hace ya más de una década (en concreto, en el otoño de 2003). Tres años más tarde desembarcó, con un éxito sin precedentes, en el West End londinense. Después de varios intentos fallidos, el teniente Colombo pudo conseguir tickects para este maravilloso espectáculo en el confortable, y gigantesco, Apollo Victoria Theatre de la capital británica.
Basado en la novela de Gregory Maguire, Wicked cuenta la fantástica historia de las Brujas de las tierras de Oz. En el stage del Apollo Victoria, Emma Hatton y Sophie Linder-Lee dan vida a Élphaba (la bruja mala del Oeste) y a Glinda (la bruja buena del Norte), respectivamente. El musical creado por Stephen L. Schwartz, con libreto de Winnie Holzman, atrapa al espectador desde el primer minuto. Las canciones -de corte clásico-, las grandes orquestaciones, los distintos números corales, algunas baladas y un par o tres de canciones enérgicas, marcan los pasajes más representativos de la historia. En opinión del teniente Colombo, destaca, por encima de todas, Defying gravity, interpretada por Emma Hatton de una forma admirable y convincente.
Wicked es un espectáculo visual arrebatador e inolvidable, tres horas de espectáculo con mayúsculas. Un cuento de hadas fascinante (secuela de la película El mago de Oz, dirigida por Víctor Fleming en 1939), repleto de emoción, aventuras, inolvidables números musicales y sorpresas, muchas sorpresas”, apunta el teniente Colombo, todavía hipnotizado por la experiencia vivida en el Apollo Victoria Theatre, una tarde del mes de octubre.
El teniente Colombo –"a su regreso de las tierras de Oz"- ya está planificando la próxima visita a Londres para disfrutar de otro musical (quizás la reposición de Miss Saigon…). Sin duda, es una de sus grandes pasiones.

viernes, 10 de octubre de 2014

DE LA LUCHA DE CLASES AL PRAGMATISMO


De sobra es sabido que el teniente Colombo (frisando los 50) ha perdido la fe en la clase política y en las recetas económicas de todos los gobiernos –de cualquier signo- que han dirigido el destino de la joven democracia española. Se ha convertido en un pragmático irredento.
Esta postura –alimentada, durante décadas, por el desengaño y la frustración- ha vuelto a brotar en su fuero interno después de leer unas recientes declaraciones de Victoria Camps, en un diario de tirada nacional. “Sin duda, las reflexiones de esta gran pensadora, filósofa y estudiosa de los derechos humanos y la bioética son oportunas, deseables y esperanzadoras; pero la realidad –la cruda realidad- está en las antípodas del planteamiento ético e ideológico de la doctora Camps”, opina el teniente Colombo, al mismo tiempo que trata de poner en marcha su coche, sin éxito, después del tercer intento. Sin duda, llegará tarde a la comisaría.
La idea de Victoria Camps de que “hay que ir a un capitalismo que priorice el bien común” y de que “no todos los beneficios de las empresas tienen que revertir en el interés corporativo, sino que hay que pensar en el bien de todos y establecido por ley”, parece una contradicción en sí misma. El teniente Colombo no conoce ningún sistema capitalista que funcione bajo esta dualidad. “Capitalismo y bien común son términos contrapuestos, antagónicos”, asevera el teniente Colombo, mientras desempolva de su biblioteca El Capital de Karl Marx (1818-1883).
El funcionamiento del sistema capitalista utiliza mecanismos que ponen de plena actualidad las ideas de Karl Marx de hace siglo y medio. “El llamado Estado del Bienestar (o lo que queda de él) no es más que un híbrido del capitalismo para lavar la conciencia de los Estados y las Grandes Corporaciones nacionales y transnacionales, incapaces de conciliar crecimiento y desarrollo económico con la erradicación de la pobreza y la protección de los más desfavorecidos”, argumenta el teniente Colombo, mientras relee, con tristeza y desencanto, las ideas –bien intencionadas, pero inalcanzables- de Victoria Camps.

sábado, 27 de septiembre de 2014

EL GABINETE DE LAS MARAVILLAS


En el inicio del otoño madrileño, el teniente Colombo se ha reencontrado con la grandeza del Siglo de Oro español, gracias a la pluma de Alfonso Mateo-Sagasta. Su novela El gabinete de las maravillas (ediciones Debolsillo, primera edición, mayo 2014) ha supuesto un nuevo espacio narrativo para el teniente Colombo, repleto de aventuras, misterios, humor, crímenes y personajes maravillosos.
El escritor madrileño sitúa la acción en el Madrid de 1614. Isidoro Montemayor (un hidalgo cuyo título ha costado algo más que la inevitable “limpieza de sangre”, y amante de la condesa de Cameros) es el encargado de desarrollar la senda argumental de la novela. El marqués de Hornacho, tío de la condesa, encuentra asesinado a su archivero, Gonzalo Escondrillo, en el gabinete de su propiedad, un lugar misterioso y enigmático. Un microcosmos en el que convergen todo tipo de tesoros y reliquias, además de una curiosa colección de monstruos. Animado por la condesa, Isidoro toma el lugar del muerto y se convierte en el nuevo archivero del marqués. A partir de ese momento se lanza a una aventura sin precedentes.
Lo que más le ha llamado la atención de la novela al teniente Colombo ha sido la fabulosa ambientación que realiza al autor de una época tan excepcional y sugestiva. Las descripciones de los quehaceres cotidianos, y los hábitos de vida de las diferentes clases sociales, transportan en volandas al lector al Madrid del siglo XVII. “En este apartado, Alfonso Mateo-Sagasta demuestra una habilidad narrativa, no exenta de un humor -en ocasiones hilarante- al alcance de muy pocos escritores”, apuntilla el teniente Colombo, mientras trata de reanimar uno de sus puros, en estado agonizante.
Y, cómo no, la figura de Isidoro Montemayor, protagonista absoluto de esta historia de crímenes y misterios. Con su sagacidad y fina ironía bien podía ser el ancestro madrileño del teniente Colombo. Quizás, algún día, el teniente Colombo debería explorar esta posibilidad…

domingo, 14 de septiembre de 2014

EMPEZAR DE CERO


Edith Piaf (1915-1963) fue una de las cantantes francesas más célebres del siglo XX. Desde el mismo momento de su nacimiento tuvo una vida marcada por la pobreza, los ambientes marginales y la ausencia de una familia estable. Su juventud y madurez estuvieron jalonadas por el éxito, el favor del público, los amores tormentosos, las drogas, el alcohol y los excesos de todo tipo.
Al final de su vida, cansada y deteriorada físicamente por la morfina, regaló al mundo una canción que, desde ese mismo momento, se convirtió en un símbolo para las generaciones de la época, y las venideras: Non, je ne regrette rien (“No, no me arrepiento nada”), escrita por Michel Vaucaire en 1960, con música de Charles Dumont.
La figura de Edith Piaf ha entrado en la vida del teniente Colombo a través del boipic dirigido por Olivier Dahan en 2007 “La Môme”, interpretado por la oscarizada Marion Cotillard. Y la verdad es que se ha quedado impactado por la vida y el carácter de Edith Piaf, una mujer de aspecto frágil y quebradizo, pero de una personalidad arrolladora.
Desde entonces, el teniente Colombo no ha dejado de escuchar Non, je ne regrette rien; y, en buena medida, se identifica con su mensaje. Particularmente con dos estrofas que, en este momento, reflejan el estado de ánimo del teniente Colombo, cuando su vida ha iniciado el tramo descendente de la campana de Gaüss. Dicen así: “No, no lamento nada / Ni el bien que me han hecho ni el mal / Todo eso me da igual /… / Barridos los amores / y todos sus temblores / barridos para siempre / Vuelvo a empezar de cero…”.
Resolver casos de asesinatos ya no le motiva como antes…

sábado, 6 de septiembre de 2014

EL VALLE DE LAS SOMBRAS


Al contrario que en los casos del teniente Colombo -en los que el asesino se conoce desde las primeras secuencias-, en El Valle de las sombras (novela de Jerónimo Tristante, ediciones Plaza&Janés, julio 2012), el culpable no es identificado hasta las últimas páginas.
En esta ocasión, el escritor murciano sitúa la acción en un paraje de la sierra de Madrid llamado Cuelgamuros, en los años posteriores al final de la Guerra Civil. Es el lugar elegido por Franco para construir un gran mausoleo donde enterrarle a él junto a los caídos del bando nacional. Allí se encuentran dos hombres, la némesis el uno del otro: el recluso Juan Antonio Tornell (antiguo policía de la República), y Roberto Alemán (oficial del ejército nacional). De repente, uno de los presos muere en extrañas circunstancias; y, a partir de entonces, Tornell y Alemán se unen para investigar el hecho, posiblemente un asesinato. El odio inicial entre ambos dará paso a una sintonía que acabará en una verdadera y profunda amistad.
El teniente Colombo ha devorado, literalmente, la novela. Le ha parecido un magnífico estudio de personajes (sobre todo de los dos protagonistas), con una disección de sus motivaciones absolutamente brillante. “Sin duda, es una novela negra que rezuma clasicismo desde las primeras páginas: asesinos, víctimas, policías, malos, buenos, política, amistad… ingredientes perfectamente combinados por el autor. La prosa es sencilla, sin exuberancias y con un lenguaje coloquial fácil de seguir”, explica el teniente Colombo, que, en algunos pasajes de la novela, no ha podido evitar identificarse con su colega Tornell.
Al margen de la calidad literaria de la novela y del enriquecimiento personal que le ha supuesto al teniente Colombo, de su lectura ha sacado una gran lección: que ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos; y que lo negro nunca es absolutamente negro ni lo blanco es absolutamente blanco. “Qué pena que no lo entendieran así los fanáticos de ambos lados, que, en 1936, se lanzaron a una guerra fraticida entre hermanos (cruel, absurda y salvaje), con el único resultado de muerte, rencor y división”, opina el teniente Colombo, todavía con la emoción a flor de piel.