El teniente Colombo siempre ha disfrutado de las pequeñas cosas que tiene la vida y de los detalles que alimentan el espíritu. Le gustan las cosas auténticas, tal y como son, con sus problemas, sus disgustos, sus éxitos, sus sinsabores y sus alegrías. Así es la vida. Así es el Atlético de Madrid (el Atleti), su equipo del alma.
La vida está llena de ilustraciones al estilo cinematográfico. Al teniente Colombo le interesan más las historias de perdedores, y los secundarios, que los protagonistas de las películas. Siente admiración por aquellos que van contracorriente, por los que luchan por unos ideales al margen del poder establecido, por los que consiguen pequeños triunfos -aunque sea de vez en cuando-; por los que nunca lo tienen fácil ni nadie les regala nada. Por eso es del Atleti.
Hay tres personajes que ejemplifican, en su opinión, esa mágica conexión entre el cine y su pasión rojiblanca: el Atticus Finch de Matar un ruiseñor, con un Gregory Peck memorable; el sheriff de Solo ante el peligro, con un Gary Cooper íntegro y crepuscular; y el modesto oficinista C.C. Baxter de El apartamento, con un Jack Lemmon irrepetible. Tres historias sencillas. Tres historias de luchadores.