domingo, 5 de abril de 2015

DIOS ES SORDO Y CIEGO

Después de casi tres meses de ausencia, vuelve el teniente Colombo a este blog. Los numerosos casos de asesinato que ha tenido que resolver durante este tiempo y, por qué no reconocerlo, la falta de ánimo e inspiración, le han tenido alejado de sus fieles seguidores. Pero sólo temporalmente. Así las cosas, enciende uno de sus puros y se pone, de nuevo, manos a la obra. 

Como todos los años por estas fechas, las cadenas de televisión repiten, una y otra vez, de forma machacona, las plúmbeas aventuras y desventuras de los personajes del Antiguo y el Nuevo Testamento. Entre ellos, se llevan la palma, Ben-Hur (protagonista de la película del mismo título) y el Moisés de Los 10 mandamientos. El teniente Colombo, frisando los 55, no es capaz de calcular cuántas veces ha visto a Charlton Heston dividir el Mar Rojo en dos, o competir contra Stephen Boyd en la carrera de cuadrigas más famosa de la historia. 

Sin embargo, este año, el teniente Colombo ha descubierto un nuevo matiz. Revisando Los 10 mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956) -“una de esas películas que une el telediario de mediodía con el de la noche”, apostilla el teniente Colombo- ha constatado que Dios era sordo y ciego… eso siendo generosos en el calificativo.  

“¿Cómo sino, se pregunta el teniente Colombo, se explica que tengan que pasar 400 años para que envíe al pueblo israelí un libertador –Moisés-, y se ponga al frente de la manifestación contra Ramsés II?”… “¿tanto se tarda en ver la situación de esclavitud del pueblo hebreo, en escuchar sus lamentos, y, sobre todo, hacen falta cuatro siglos para hacer un casting y elegir un libertador?”… ¡Por favor! Para el teniente Colombo sólo hay una explicación: Dios es sordo y ciego.

domingo, 4 de enero de 2015

EL FLAUTISTA DE HAMELÍN


En apenas unas semanas, y tras 46 años de una intensa y exitosa vida profesional, el capitán abandonará, de forma definitiva, la comisaría. Como decía el viejo profesor José Luis Sampedro en su metáfora sobre la vida: llega un momento en el que el río finaliza su trayecto y se une al mar.
El destino del teniente Colombo se cruzó con el del capitán en el último aliento de los años ochenta. Y, a decir verdad, la primera toma de contacto entre ambos no fue un camino de rosas. El capitán ya contaba por aquel entonces con una dilatada, y experimentada, carrera en la comisaría (no había caso de asesinato que se le resistiera); mientras que el teniente Colombo apenas había resuelto algún que otro entuerto de escasa relevancia (asaltos a mano armada en astilleros gallegos de rudimentaria gestión familiar, y desfalcos de guante blanco en entidades aseguradoras venidas a menos… delitos de poca monta), pero se creía -¡pobre ingenuo!- la reencarnación misma de Fray Luca Pacioli.
En poco tiempo, las mandíbulas de las diferencias se fueron cerrando y comenzó una relación, personal y profesional, que ha llegado hasta la actualidad, plenamente consolidada en forma de amistad. El teniente Colombo está convencido que su trayectoria en la comisaría no hubiera sido la misma sin el apoyo permanente del capitán. Siempre que le ha necesitado, el capitán ha estado ahí. ¡Siempre! Para ayudarle, aconsejarle o simplemente consolarle. Sobre todo, en los peores momentos en la vida del teniente Colombo, que es cuando la talla humana de una persona –como la del capitán- alcanza su verdadera dimensión. La deuda de gratitud es equivalente al resultado de dividir la unidad entre cero: infinita.
“El capitán es historia viva de la comisaría, una especie de flautista de Hamelín al que todos siguen ciegamente por la fe en sus convicciones y su capacidad para convencer… y, sin embargo, no es una persona fácil de definir”, explica el teniente Colombo, mientras acude a su modesta filmoteca casera para documentarse sobre algunos personajes emblemáticos de la historia del cine, cuyos perfiles encajan, milimétricamente, con los del capitán.
En opinión del teniente Colombo hay tres héroes de la pantalla en los que, de alguna manera, convergen –a modo de mágica conexión en blanco y negro- las cualidades humanas y profesionales del capitán. El Atticus Finch de Matar un ruiseñor (1962), con un Gregory Peck memorable; el sheriff de Solo ante el peligro (1952), con un Gary Cooper íntegro y crepuscular; y el modesto oficinista C.C. Baxter de El apartamento (1960), cinta en la que Jack Lemmon regala al mundo una clase magistral de interpretación. Tres historias sencillas, de luchadores, que contienen en cada fotograma los valores que nunca cambian, los valores eternos de la amistad, la lealtad, el sentido del deber, la honestidad, la integridad y el respeto por los demás… “valores que, sin duda, definen a un hombre irrepetible como el capitán”, apuntilla el teniente Colombo, mientras trata de localizar entre los bolsillos de su gabardina un lápiz para firmar este post.

P.D.: este post es el homenaje, sencillo y sincero, del teniente Colombo a Manuel Arias de la Cruz (flautista y capitán, al mismo tiempo).

sábado, 20 de diciembre de 2014

SPENCER TRACY


Spencer Bonaventure Tracy (Milwaukee, Wisconsin,  1900 - Beverly Hills, Los Ángeles, 1967), Spencer Tracy, ha sido, en opinión del teniente Colombo, uno de los mejores actores que ha dado el cine en toda su historia. “Sus películas, y su naturalidad ante las cámaras, así lo avalan”, afirma el teniente Colombo, que llevaba tiempo deseando dedicarle un post a este legendario actor.
De la extensa, y variada, filmografía de Spencer Tracy, el teniente Colombo destacaría las siguientes películas: San Francisco (W.S. Van Dyke, 1936), Capitanes intrépidos (Víctor Fleming, 1937), Forja de hombres (Norman Taurog, 1938), El extraño caso del Dr. Jekyll (Víctor Fleming, 1941), El padre de la novia (Víctor Fleming, 1950), Conspiración de silencio (John Sturges, 1955), Vencedores o vencidos (Stanley Kramer, 1961) y su testamento fílmico, Adivina quién viene a cenar esta noche (Stanley Kramer, 1967), donde formó pareja –por última vez- con Katharine Hepburn, su eterna compañera en la pantalla, y fuera de ella. Diecisiete días después de finalizar el rodaje de Adivina… falleció de un ataque al corazón.
De todas ellas, el teniente Colombo destacaría, precisamente, Adivina quién viene a cenar esta noche. En este filme, Spencer Tracy debe demostrar su ausencia de prejuicios cuando su hija presenta a sus padres a su novio, un yerno perfecto con la única salvedad de que su piel es negra (papel interpretado por Sidney Poitier). “La secuencia final en la que Tracy aboga por el amor entre dos personas que se aman profundamente –sin importar el color de su piel-, rechaza sin paliativos los prejuicios raciales y defiende con determinación el respeto a decidir por uno mismo desde la tolerancia más absoluta, son de una hondura dramática y una brillantez interpretativa al alcance de muy pocos actores de la historia”, opina el teniente Colombo, mientras se acerca, una vez más, el amplísimo testamento cinematográfico de Spencer Tracy.
“No estaría de más que los estamentos judiciales de Estados Unidos y el ministro del Interior español, revisasen, con atención, el último film de Spencer Tracy y su alegato final. Ni la judicatura americana, ni el ministro español, parecen haber dado con la tecla de las libertades y los derechos fundamentales en sus recientes fallos sobre los asesinatos de dos hombres de color a manos de policías blancos; y la llamada Ley Mordaza (eufemísticamente denominada “Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana”), remata el teniente Colombo, a punto de coger su coche para acercarse a la Fundación Mapfre, donde se exponen algunos cuadros del genial pintor Joaquín Sorolla.

sábado, 13 de diciembre de 2014

HERODES, THE KING


Un año más, querámoslo o no, llega la Navidad. Ese periodo del año en el que la condición humana pierde buena parte de su raciocinio y se lanza a un consumismo exacerbado, a una felicidad impostada y a las más altas cotas de estupidez e hipocresía.
En este contexto, y dado que la maquinaria mercantil -revestida de lucecitas de colores- no deja opción al éxodo mental y espiritual, el teniente Colombo quiere reivindicar la figura de un personaje olvidado, e incluso vilipendiado, por los colectivos más fundamentalistas del agip-pro católico: el rey Herodes.
Herodes el Grande reinó sobre el pueblo judío durante las cuatro últimas décadas del siglo I A.C., y destacó por su eficaz gestión administrativa, por las obras de reconstrucción del templo de Jerusalén y por los numerosos gestos humanitarios que llevó a cabo a lo largo de su reinado, repartiendo trigo y alimentos entre todos aquellos que soportaban una terrible hambruna. “Es decir, todo lo contrario que Ana Botella, actual alcaldesa de Madrid”, apuntilla el teniente Colombo.
“Quizás su vida privada no fuera un ejemplo de rectitud y moralidad (por lo visto, fue un polígamo confeso y un precursor avezado de las más grandes orgías y bacanales), pero ello no justifica, en modo alguno, su relegada posición –sólo y triste en su castillo- en todos los belenes de la órbita cristiana”, apunta el teniente Colombo, mientras se apresta, con fruición, a encender uno de sus inconfundibles habanos.
“El rey Herodes se merece, por derecho propio, un lugar preeminente en todos los misterios cristianos. Su preponderancia está, sin duda, al mismo nivel que el líder sindical de los pastores, el rey Melchor, la vaca del portal de Belén, e incluso el mismísimo Niño Jesús”, reivindica el teniente Colombo, en el mismo momento en el que el primer villancico ha empezado a producirle una hipoacusia neurosensorial de inicio súbito (es decir, principio de sordera).

sábado, 6 de diciembre de 2014

DESCEREBRADOS Y ASESINOS


Los recientes acontecimientos ocurridos en las inmediaciones del estadio Vicente Calderón, con resultado de muerte de un aficionado ultra del Deportivo de la Coruña a manos de un grupo de radicales del Frente Atlético (un asesinato en el sentido literal de la palabra), le han hecho reflexionar –y mucho- al teniente Colombo.
De sobra es sabido que el teniente Colombo vive el fútbol con pasión y que por sus venas corre sangre rojiblanca. Todos los poros de su piel transpiran fervor rojiblanco. Pero, al mismo tiempo, el teniente Colombo, desde su pequeño universo familiar y profesional, está firmemente comprometido con la democracia y la legalidad constitucional. Es por ello que rechaza, sin paliativos y sin ningún tipo de ambigüedad, cualquier acto de violencia y de apoyo a estos grupos de miserables y asesinos, revestidos de una falsa estética futbolística.
Desgraciadamente, en los últimos días, el teniente Colombo no ha percibido esa misma contundencia en los dirigentes del Atlético de Madrid (Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil), ni tampoco por parte del entrenador, Diego Pablo Simeone. “Sus declaraciones han sido tibias, ambiguas, cobardes, imprecisas, vacilantes… impresentables”, considera el teniente Colombo, mientras retira –después de 35 años- el escudo del Atleti del cristal trasero de su coche.
“Estos grupos, con independencia del signo político y los colores que pretendan defender, no se representan ni a sí mismos. Son, sencillamente, una turba de descerebrados, delincuentes, asesinos, maleantes, pendencieros… lo mejor de cada casa; apoyados y protegidos, además, por un grupo de dirigentes deportivos sin coraje ni determinación”, concluye el teniente Colombo, mientras se dirige al cuarto de baño de la comisaría para vomitar, por las náuseas que le produce la situación actual en el mundo del fútbol.

sábado, 29 de noviembre de 2014

FALSA TEOCRACIA


Ordenado obispo el 11 de mayo de 1985, Francisco Javier Martínez se convirtió, en ese momento, en el prelado más joven de España. Dieciocho años más tarde, en 2003, fue nombrado arzobispo de Granada, puesto que ostenta en la actualidad.
En las últimas semanas, este vicario apostólico de Cristo ha vuelto a ser centro de todas las miradas por los supuestos casos de pederastia y abusos sexuales cometidos en la sede de la que es titular. El asunto se encuentra en manos de la Fiscalía, que ha abierto las preceptivas diligencias de investigación penal. “Hasta aquí, nada que decir. Únicamente, dejar que la justicia realice su trabajo”, apunta el teniente Colombo, masticando con rabia uno de sus puros –acribillado a mordiscos- por el asco que siempre le producen este tipo de noticias.
Sin embargo, lo que al teniente Colombo le ha encolerizado de verdad ha sido la actitud del mencionado patriarca catecumenal, que, postrado ante el altar de su sede parroquial, ha pedido perdón a Dios por los supuestos casos de pederastia denunciados en su ámbito de gestión espiritual. Y, así, sin más, ha dado por finiquitado el asunto. Como si los hechos denunciados fueran una especie de arcano místico, escondido en las tenebrosas catacumbas romanas, inescrutables a la inteligencia humana, y absueltos con un simple acto de contrición mirando al suelo.
“Es evidente que este delegado del poder divino en la Tierra no entiende nada, ni lo quiere entender. La única justicia que debe juzgar los actos denunciados, y fallar en consecuencia, es la justicia del hombre. Ni la teocracia ni la justicia divina existen; son una falacia inventada por la Iglesia Católica durante más de 20 siglos para justificar y tapar sus barbaridades, sus coacciones y sus actos inquisitoriales”, remata el teniente Colombo, mientras contrasta –una vez más- que algunos miembros de la Iglesia Católica no se merecen ni la forma sagrada que bendicen en la comunión.

domingo, 23 de noviembre de 2014

DUQUESA DE ALBA DE TORMES Y MUCHO MÁS


El reciente fallecimiento de la Duquesa de Alba (bautizada en 1926 como María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva), ha vuelto a poner de manifiesto –en opinión del teniente Colombo- algunos anacronismos que, en pleno siglo XXI, se mantienen en España.
Al teniente Colombo le resulta difícil asimilar que durante más de seiscientos años una sola familia haya podido acumular tantas riquezas, tesoros, títulos nobiliarios, condecoraciones, ducados, marquesados, galardones, títulos honoríficos, etc., por el mero hecho de nacer en una determinada cuna o por herencias conseguidas mediante regalos y prebendas de las diferentes Casas Reales que han jalonado la historia de España durante los últimos seis siglos. “Seis siglos de acumulación de una fortuna incalculable, sin límite, asentada en unos derechos que se traspasan de hijos a hijos, de nietos a nietos, de bisnietos a bisnietos… y así, hasta el infinito y más allá”, refunfuña el teniente Colombo, mientras comprueba cómo –desgraciadamente- hay cosas en este país que no cambiarán nunca.
Al teniente Colombo le importa muy poco el debate sobre la Duquesa fallecida. Le da exactamente igual determinar con precisión si era dieciocho veces marquesa, o diecinueve;  veinte condesa, vizcondesa, condesa-duquesa y condestablesa, además de ser catorce veces Grande de España, o quince, o dieciséis… ¡qué más da! Lo que al teniente Colombo le viene a la cabeza en este momento es el Trienio Liberal (1820-1823), la desamortización de Mendizábal (1836-1837), la desamortización de Espartero de 1841, la de Pascual Madoz de 1855, y, sobre todo, la Primera (1873-1874) y la Segunda República (1931-1939).
A buen entendedor…

domingo, 16 de noviembre de 2014

POTELE


El primer contacto que tuvo el teniente Colombo con su amigo Potele fue en el restaurante del hotel Meliá Reforma de México DF. Hará de ello unos 10-12 años, más o menos. Los dos trabajaban por aquel entonces en la misma comisaría, pero, por circunstancias del servicio, sus destinos nunca se habían cruzado. Aquella noche cenaron juntos, se bebieron unas cuantas Coronitas, y –quién lo iba a imaginar- se gestó una amistad que ha llegado hasta la actualidad.
Años después de aquel encuentro en tierras aztecas, formaron pareja profesional y recibieron un encargo envenenado: resolver uno de los crímenes más enrevesados, y enmarañados, existentes en la comisaría. La cuestión consistía en enderezar el rumbo de la actividad de leasing&renting&factoring. Una misión –como el tiempo ha demostrado- poco menos que imposible. Y como aquellos caballeros andantes que llevan el signo de la derrota escrito en la frente, salieron de aquel entuerto con más pena que gloria, aunque con una amistad consolidada para siempre (lo único positivo de aquella experiencia para olvidar).
En el momento de escribir este post, el superintendente Potele prepara las maletas para cruzar el Canal de la Mancha y lanzarse a una nueva aventura profesional y personal. Una comisaría de Londres le espera para resolver casos de asesinato con acento inglés.
El teniente Colombo le va a echar de menos, y mucho. Potele (José Luis, en el carnet de identidad) es un tipo único. “Amigo de sus amigos, gran conversador y febril amante de la buena mesa; Potele es, por encima de todo, un apasionado de la vida y una buena persona”, apostilla, con tristeza, el teniente Colombo, que echará de menos los momentos molestosos de su amigo Potele, pero también sus muestras de cariño, su amistad y su compañía.

viernes, 24 de octubre de 2014

SAQUEADORES PROFESIONALES


“Ladrones roban millones, y son grandes señorones”, reza el refranero español. Algo parecido han debido pensar los 86 directivos y consejeros de Caja Madrid/Bankia que han dilapidado 15 millones de euros de la entidad, durante más de una década, a través de las llamadas tarjetas opacas.
“Opacas a la vergüenza, a la dignidad y a la decencia”, piensa el teniente Colombo. Estos saqueadores profesionales –rufianes de guante blanco- le producen, sencillamente, asco y repugnancia. El teniente Colombo desea con todas sus fuerzas que, todos ellos, se pudran en la cárcel, el tiempo que marque la Ley y dictaminen los jueces.
“Y, una vez que entren en la cárcel, tirar la llave al mar, para que estos desalmados –algunos de ellos reincidentes- no vuelvan a hacer de las suyas”, sugiere el teniente Colombo, con un nivel de indignación 9.6 en la escala de Richter.

sábado, 18 de octubre de 2014

WICKED


El musical Wicked se estrenó en Broadway hace ya más de una década (en concreto, en el otoño de 2003). Tres años más tarde desembarcó, con un éxito sin precedentes, en el West End londinense. Después de varios intentos fallidos, el teniente Colombo pudo conseguir tickects para este maravilloso espectáculo en el confortable, y gigantesco, Apollo Victoria Theatre de la capital británica.
Basado en la novela de Gregory Maguire, Wicked cuenta la fantástica historia de las Brujas de las tierras de Oz. En el stage del Apollo Victoria, Emma Hatton y Sophie Linder-Lee dan vida a Élphaba (la bruja mala del Oeste) y a Glinda (la bruja buena del Norte), respectivamente. El musical creado por Stephen L. Schwartz, con libreto de Winnie Holzman, atrapa al espectador desde el primer minuto. Las canciones -de corte clásico-, las grandes orquestaciones, los distintos números corales, algunas baladas y un par o tres de canciones enérgicas, marcan los pasajes más representativos de la historia. En opinión del teniente Colombo, destaca, por encima de todas, Defying gravity, interpretada por Emma Hatton de una forma admirable y convincente.
Wicked es un espectáculo visual arrebatador e inolvidable, tres horas de espectáculo con mayúsculas. Un cuento de hadas fascinante (secuela de la película El mago de Oz, dirigida por Víctor Fleming en 1939), repleto de emoción, aventuras, inolvidables números musicales y sorpresas, muchas sorpresas”, apunta el teniente Colombo, todavía hipnotizado por la experiencia vivida en el Apollo Victoria Theatre, una tarde del mes de octubre.
El teniente Colombo –"a su regreso de las tierras de Oz"- ya está planificando la próxima visita a Londres para disfrutar de otro musical (quizás la reposición de Miss Saigon…). Sin duda, es una de sus grandes pasiones.

viernes, 10 de octubre de 2014

DE LA LUCHA DE CLASES AL PRAGMATISMO


De sobra es sabido que el teniente Colombo (frisando los 50) ha perdido la fe en la clase política y en las recetas económicas de todos los gobiernos –de cualquier signo- que han dirigido el destino de la joven democracia española. Se ha convertido en un pragmático irredento.
Esta postura –alimentada, durante décadas, por el desengaño y la frustración- ha vuelto a brotar en su fuero interno después de leer unas recientes declaraciones de Victoria Camps, en un diario de tirada nacional. “Sin duda, las reflexiones de esta gran pensadora, filósofa y estudiosa de los derechos humanos y la bioética son oportunas, deseables y esperanzadoras; pero la realidad –la cruda realidad- está en las antípodas del planteamiento ético e ideológico de la doctora Camps”, opina el teniente Colombo, al mismo tiempo que trata de poner en marcha su coche, sin éxito, después del tercer intento. Sin duda, llegará tarde a la comisaría.
La idea de Victoria Camps de que “hay que ir a un capitalismo que priorice el bien común” y de que “no todos los beneficios de las empresas tienen que revertir en el interés corporativo, sino que hay que pensar en el bien de todos y establecido por ley”, parece una contradicción en sí misma. El teniente Colombo no conoce ningún sistema capitalista que funcione bajo esta dualidad. “Capitalismo y bien común son términos contrapuestos, antagónicos”, asevera el teniente Colombo, mientras desempolva de su biblioteca El Capital de Karl Marx (1818-1883).
El funcionamiento del sistema capitalista utiliza mecanismos que ponen de plena actualidad las ideas de Karl Marx de hace siglo y medio. “El llamado Estado del Bienestar (o lo que queda de él) no es más que un híbrido del capitalismo para lavar la conciencia de los Estados y las Grandes Corporaciones nacionales y transnacionales, incapaces de conciliar crecimiento y desarrollo económico con la erradicación de la pobreza y la protección de los más desfavorecidos”, argumenta el teniente Colombo, mientras relee, con tristeza y desencanto, las ideas –bien intencionadas, pero inalcanzables- de Victoria Camps.

sábado, 27 de septiembre de 2014

EL GABINETE DE LAS MARAVILLAS


En el inicio del otoño madrileño, el teniente Colombo se ha reencontrado con la grandeza del Siglo de Oro español, gracias a la pluma de Alfonso Mateo-Sagasta. Su novela El gabinete de las maravillas (ediciones Debolsillo, primera edición, mayo 2014) ha supuesto un nuevo espacio narrativo para el teniente Colombo, repleto de aventuras, misterios, humor, crímenes y personajes maravillosos.
El escritor madrileño sitúa la acción en el Madrid de 1614. Isidoro Montemayor (un hidalgo cuyo título ha costado algo más que la inevitable “limpieza de sangre”, y amante de la condesa de Cameros) es el encargado de desarrollar la senda argumental de la novela. El marqués de Hornacho, tío de la condesa, encuentra asesinado a su archivero, Gonzalo Escondrillo, en el gabinete de su propiedad, un lugar misterioso y enigmático. Un microcosmos en el que convergen todo tipo de tesoros y reliquias, además de una curiosa colección de monstruos. Animado por la condesa, Isidoro toma el lugar del muerto y se convierte en el nuevo archivero del marqués. A partir de ese momento se lanza a una aventura sin precedentes.
Lo que más le ha llamado la atención de la novela al teniente Colombo ha sido la fabulosa ambientación que realiza al autor de una época tan excepcional y sugestiva. Las descripciones de los quehaceres cotidianos, y los hábitos de vida de las diferentes clases sociales, transportan en volandas al lector al Madrid del siglo XVII. “En este apartado, Alfonso Mateo-Sagasta demuestra una habilidad narrativa, no exenta de un humor -en ocasiones hilarante- al alcance de muy pocos escritores”, apuntilla el teniente Colombo, mientras trata de reanimar uno de sus puros, en estado agonizante.
Y, cómo no, la figura de Isidoro Montemayor, protagonista absoluto de esta historia de crímenes y misterios. Con su sagacidad y fina ironía bien podía ser el ancestro madrileño del teniente Colombo. Quizás, algún día, el teniente Colombo debería explorar esta posibilidad…

domingo, 14 de septiembre de 2014

EMPEZAR DE CERO


Edith Piaf (1915-1963) fue una de las cantantes francesas más célebres del siglo XX. Desde el mismo momento de su nacimiento tuvo una vida marcada por la pobreza, los ambientes marginales y la ausencia de una familia estable. Su juventud y madurez estuvieron jalonadas por el éxito, el favor del público, los amores tormentosos, las drogas, el alcohol y los excesos de todo tipo.
Al final de su vida, cansada y deteriorada físicamente por la morfina, regaló al mundo una canción que, desde ese mismo momento, se convirtió en un símbolo para las generaciones de la época, y las venideras: Non, je ne regrette rien (“No, no me arrepiento nada”), escrita por Michel Vaucaire en 1960, con música de Charles Dumont.
La figura de Edith Piaf ha entrado en la vida del teniente Colombo a través del boipic dirigido por Olivier Dahan en 2007 “La Môme”, interpretado por la oscarizada Marion Cotillard. Y la verdad es que se ha quedado impactado por la vida y el carácter de Edith Piaf, una mujer de aspecto frágil y quebradizo, pero de una personalidad arrolladora.
Desde entonces, el teniente Colombo no ha dejado de escuchar Non, je ne regrette rien; y, en buena medida, se identifica con su mensaje. Particularmente con dos estrofas que, en este momento, reflejan el estado de ánimo del teniente Colombo, cuando su vida ha iniciado el tramo descendente de la campana de Gaüss. Dicen así: “No, no lamento nada / Ni el bien que me han hecho ni el mal / Todo eso me da igual /… / Barridos los amores / y todos sus temblores / barridos para siempre / Vuelvo a empezar de cero…”.
Resolver casos de asesinatos ya no le motiva como antes…

sábado, 6 de septiembre de 2014

EL VALLE DE LAS SOMBRAS


Al contrario que en los casos del teniente Colombo -en los que el asesino se conoce desde las primeras secuencias-, en El Valle de las sombras (novela de Jerónimo Tristante, ediciones Plaza&Janés, julio 2012), el culpable no es identificado hasta las últimas páginas.
En esta ocasión, el escritor murciano sitúa la acción en un paraje de la sierra de Madrid llamado Cuelgamuros, en los años posteriores al final de la Guerra Civil. Es el lugar elegido por Franco para construir un gran mausoleo donde enterrarle a él junto a los caídos del bando nacional. Allí se encuentran dos hombres, la némesis el uno del otro: el recluso Juan Antonio Tornell (antiguo policía de la República), y Roberto Alemán (oficial del ejército nacional). De repente, uno de los presos muere en extrañas circunstancias; y, a partir de entonces, Tornell y Alemán se unen para investigar el hecho, posiblemente un asesinato. El odio inicial entre ambos dará paso a una sintonía que acabará en una verdadera y profunda amistad.
El teniente Colombo ha devorado, literalmente, la novela. Le ha parecido un magnífico estudio de personajes (sobre todo de los dos protagonistas), con una disección de sus motivaciones absolutamente brillante. “Sin duda, es una novela negra que rezuma clasicismo desde las primeras páginas: asesinos, víctimas, policías, malos, buenos, política, amistad… ingredientes perfectamente combinados por el autor. La prosa es sencilla, sin exuberancias y con un lenguaje coloquial fácil de seguir”, explica el teniente Colombo, que, en algunos pasajes de la novela, no ha podido evitar identificarse con su colega Tornell.
Al margen de la calidad literaria de la novela y del enriquecimiento personal que le ha supuesto al teniente Colombo, de su lectura ha sacado una gran lección: que ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos; y que lo negro nunca es absolutamente negro ni lo blanco es absolutamente blanco. “Qué pena que no lo entendieran así los fanáticos de ambos lados, que, en 1936, se lanzaron a una guerra fraticida entre hermanos (cruel, absurda y salvaje), con el único resultado de muerte, rencor y división”, opina el teniente Colombo, todavía con la emoción a flor de piel.

miércoles, 27 de agosto de 2014

GAZPACHO ILUSTRADO


Historiadores y restauradores llevan siglos debatiendo –con notable apasionamiento- sobre la génesis y los antecedentes del gazpacho. Muchos de ellos apuntan al libro “Tesoro de la Lengua Castellana o española”, de Sebastián de Covarrubias y Orozco, editado en 1611, como la primera referencia escrita de esta sopa fría con base de tomate. Las teorías, en todo caso, son casi infinitas. El teniente Colombo, como buen amante de los placeres culinarios, no es ajeno a este debate. En este sentido, tiene su particular receta del gazpacho.
Más o menos es como sigue (para cuatro personas): tres tomates muy maduros (a ser posible raf), un pepino, dos dientes de ajo grandes (al teniente Colombo el gazpacho le gusta “con espíritu asesino”), un pimiento verde, unos 20 gramos de pan del día anterior, sal, vinagre de manzana, aceite de oliva virgen extra (con generosidad) y medio vaso de agua. “Se combinan todos estos productos en un bol, con mimo y sutileza, y se deja macerar la trama unas 3 ó 4 horas”, explica el teniente Colombo, destacando este paso como una de las claves diferenciadoras de su gazpacho.
Pasado ese tiempo, se añaden a los elementos macerados dos rodajas de sandía (vigilando que no contengan pepitas) y se tritura todo en una batidora hasta que la textura sea la deseada por los comensales (ayudándose de un chino, si fuera necesario). “Durante el proceso de triturado conviene probar el punto de sal y vinagre, y corregir al gusto”, matiza el teniente Colombo, mientras prepara la mesa para degustar su gazpacho ilustrado, inspirado en la rica y fructífera huerta murciana.
A la hora de emplatar, el teniente Colombo añade dos elementos complementarios: unos trocitos de sandía, cortados en pequeños cubos, y dos medallones de cola de bogavante (previamente cocido). Un pequeño chorrito de aceite de oliva virgen extra corona “la obra”.
“Un albariño o un Gewürztraminer de Somontano, bien fríos, maridan perfectamente con este tesoro culinario de origen hispano-árabe”, concluye el teniente Colombo, quitándose el delantal, antes de dar buena cuenta de su versión particular del gazpacho; y no descarta presentarse a la próxima edición de Master Chef.

viernes, 22 de agosto de 2014

LA MIRADA DE LOS ÁNGELES


La mirada de los ángeles (MAEVA Ediciones, 2014) ha sido el primer acercamiento del teniente Colombo al universo literario de la escritora sueca Camilla Läckberg. Y probablemente no será el último.
“A pesar de que la estructura de la novela es compleja y revela diferentes puntos de vista de los numerosos personajes que cruzan la historia, la narración es ágil y la autora demuestra una destreza muy notable al describir y entrelazar los distintos misterios que encierra la trama, con unas últimas 100 páginas absolutamente frenéticas”, opina el teniente Colombo, mientras recuerda la sinopsis de la novela.
Tras la muerte accidental de su hijo pequeño, Ebba y su esposo Mårten se trasladan a la isla de Valö (Vastra Gotaland, Suecia) para rehacer su vida, y se instalan en la granja-escuela en la que vivió la familia de Ebba varias décadas atrás. Pero la tragedia los sigue acechando, y un incendio en plena noche, a todas luces provocado, saca a relucir la terrible historia que pesa sobre la familia de Ebba, que desapareció misteriosamente en las vacaciones de Pascua de 1974, sin dejar rastro. Solo se salvó ella, entonces un bebé de un año, a quien encontraron sola en la casa. Desde ese momento, recibe una misteriosa felicitación el día de su cumpleaños, firmada con una simple G…
Al teniente Colombo le hubiera gustado formar parte de esta enigmática historia, que, sin duda, hubiera puesto a prueba sus dotes de ingenio y sagacidad. En su lugar, la escritora sueca da vida al policía Patrik Hedström, que se encarga del caso. Tanto su colega sueco, como el propio teniente Colombo, consumen buena parte de su tiempo estudiando los movimientos de las víctimas y los sospechosos, las complejas y múltiples intrigas que se plantean, quién ha hecho qué y cómo logrará salvarse, o no… todo ello magníficamente resuelto por la imaginación y la pluma de Camilla Läckberg (*).

(*) El teniente Colombo dedica este post a Clara Ibaibarriaga, gran amiga y confidente, que, de alguna manera, alimentó su pasión lectora hace ya casi tres décadas.

sábado, 9 de agosto de 2014

TERCER ANIVERSARIO


Se cumplen tres años del nacimiento de este blog: El espíritu del teniente Colombo. Hasta el momento, cerca de 190 entradas, repletas de ilusión, imaginación y sinceridad. En ellas, el teniente Colombo únicamente pretende compartir sus impresiones, sus miedos, sus opiniones, sus dudas, sus inquietudes, sus expectativas, sus alegrías y sus pasiones.
Y lo va a seguir haciendo, con más determinación si cabe, fiel a su imperecedera gabardina, su Peugeot 504 de la época de la Guerra Fría y sus cigarros de color indefinible. El teniente Colombo es un policía perseverante y, sobre todo, un hombre de costumbres. Por ello, de vez en cuando recuerda una frase que leyó hace muchos años en algún sitio, atribuida al político italiano Giuseppe Mazzini (1805-1872): “La constancia es el complemento indispensable de todas las demás virtudes humanas”.

domingo, 27 de julio de 2014

EUCHARISTIA


Casi un año después de la visita a la edición anterior de las Edades del Hombre (celebrada en la villa castellana de Arévalo, Ávila, bajo el título “Credo”), el teniente Colombo puso rumbo a la población burgalesa de Aranda de Duero, para disfrutar de la nueva exposición organizada por la fundación de la iglesia castellano-leonesa. El título elegido en este año 2014 ha sido “Eucharistia” (que, en griego, significa agradecimiento por una buena acción).
Siguiendo el consejo de la responsable de la oficina de turismo de Aranda, el teniente Colombo y su acompañante, optaron por dejar la visita a las iglesias en la que se ubica la exposición (Santa María y San Juan) para después de comer. El sol apretaba de firme a media mañana. Así las cosas, y después de disfrutar del coqueto, pero interesante, museo de cerámica; un magnífico lechazo castellano esperaba en la mesa de “El Lagar de Isilla”, donde fueron atendidos con amabilidad y profesionalidad.
Con el estómago lleno, y alguna que otra copita de orujo de hierbas en el cuerpo, el teniente Colombo y su compañera de comisaría, desafiaron los rigores del sol castellano y, con paso firme y decidido, se adentraron en la historia cultural y sacramental de Castilla y León. “La belleza de alguna de las obras expuestas, tanto en la iglesia de Santa María como en la de San Juan, resulta indescriptible. Los cuadros, los tapices, los bajorrelieves, los retablos, los cálices y los objetos expuestos, reconfortan el espíritu y hacen olvidar, al menos durante unas horas, el frenesí diario de la gran ciudad y la rapidez de lo cotidiano”, reflexiona el teniente Colombo, a punto de entrar en estado de ebullición, por los 38ºC de temperatura de una tarde de sábado de julio, que no olvidará con facilidad.
De las 130 obras expuestas, al teniente Colombo le llamaron particularmente la atención las siguientes: “Jarra y pan” (Antonio López, lápiz sobre papel, 1949); “Santa Cena” (Bartolomé Esteban Murillo, óleo sobre lienzo, 1650); “Cáliz de los Condestables de Castilla” (Anónimo, talleres de orfebrería burgaleses, 1487); y, sobre todo, “La Primera Comunión” (Joaquín Sorolla, óleo sobre lienzo, 1896).
El teniente Colombo, ya de vuelta en la Capital del Imperio, y con esas obras de arte todavía en la retina, espera, impaciente, la exposición del año que viene.

domingo, 20 de julio de 2014

LOS CUERPOS EXTRAÑOS


Dos años después de la irrupción en el mercado de “La marca del meridiano” (ver post del 10 de diciembre de 2012), el escritor madrileño Lorenzo Silva vuelve a poner a prueba la perspicacia y el olfato del brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro, dirigiendo sus pasos hacia una localidad levantina donde unos turistas encuentran en la playa el cadáver de la joven regidora municipal.
Nada más aparecer en las librerías esta nueva aventura literaria de la pareja de picoletos Bevilacqua y Chamorro (“Los cuerpos extraños”, editorial Destino, primera edición, junio 2014), el teniente Colombo no ha esperado ni un minuto para zambullirse, a pleno pulmón, en las turbulentas aguas del caso de asesinato y corrupción que, sus colegas de la Guardia Civil, tienen que resolver en apenas 72 horas.
La novela ha colmado, con creces, las expectativas del teniente Colombo. “Domina, desde el principio, un ritmo frenético, un lenguaje castizo y coloquial (muy pegado a la realidad tecnológica de los nuevos tiempos) y una descripción de los personajes realmente compleja y, en ocasiones, arrebatadoramente sórdida”,  comenta el teniente Colombo, todavía abducido por la sagacidad y la perseverancia de un héroe literario como el brigada Bevilacqua.
“Si hay un escritor que se inspira en la realidad, como punto de partida para construir un mundo de ficción y una trama criminal que mantiene la tensión del lector hasta el final, ése es Lorenzo Silva”, concluye el teniente Colombo, mientras aprovecha las últimas horas de luz de un domingo de julio, caluroso y aburrido, saboreando un jugoso zumo de tomate.

sábado, 12 de julio de 2014

GOWEX: UN CANTAR MUY DESAFINADO



Fonéticamente suena igual que la enloquecida Go West de los Hermanos Marx (dirigida por Edward Buzzell en 1940), e, incluso, se le puede aplicar perfectamente una de las geniales frases de Groucho Marx en la secuencia inicial de la estación, mientras Chico y Harpo le intentan estafar: “Señores, ese es otro cantar, y muy desafinado”.

GOWEX (sociedad prestadora de servicios wifi gratuitos) ha resultado ser, precisamente, eso: un cantar muy desafinado. Y el teniente Colombo no sale de su asombro. Una vez más (¿y van?) han saltado por los aires todos los controles que, aparentemente, tienen establecidos las autoridades financieras del país (Comisión Nacional del Mercado de Valores, Comisión del Mercado Alternativo Bursátil y el propio Ministerio de Economía); además del control privado que supone una auditoría externa independiente. “Ninguno se enteró de que GOWEX era un bluff, un fiasco financiero en toda regla”, masculla, hastiado y aburrido, el teniente Colombo, recordando los casos de Gescartera, Fórum Filatélico, Bankia, Parmalat, Catalunya Banc, Caja Castilla-La Mancha, etc., etc., etc.

El teniente Colombo se pregunta para qué sirve tanta regulación y tanto protocolo normativo (que, en ocasiones, estrangula a las empresas por sus elevados costes de implantación y mantenimiento), si a la hora de la verdad el sistema no es capaz de detectar, de forma preventiva, situaciones fraudulentas como las de GOWEX.  

“Una vez más nadie se ha enterado de nada, todo el mundo es inocente y a ningún burócrata el fraude de GOWEX le ha costado –todavía- el puesto. Eso sí, el ministro de Economía ha prometido mejorar la regulación en este ámbito para que situaciones como ésta no se vuelvan a repetir”, repite el teniente Colombo, mientras se queda más tranquilo después de la promesa del ministro.